Manchas

El zapato y su charco

Era lunes al mediodía. El sol brillaba en la cúspide de su poder, elevando las temperaturas de la tierra donde los mortales residimos. Eso era malo por dos razones, una más importante que la otra. La primera porque el pavimento se calentaba más de lo normal y caminar sobre él era insoportable. La segunda era la que más me aterraba porque ese calor tan intenso solo significaba que en cualquier momento las nubes derrocarían al sol y comenzaría a llover.

No todos los días tenía que trabajar, pero aquel día me habían escogido para cumplir con las horas laborales que se habían pactado en un contrato que yo nunca firmé. Mi labor era sencilla, pero me desgastaba con cada paso que avanzábamos. Esto, queridos lectores, no es una hipérbole ni ninguna clase de metáfora. Cuando digo que me gastaba, hablo en el sentido más literal. Mi trabajo consistía en cubrir los pies de mi dueña, vestirlos, protegerlos, ser cómodo para ellos y combinar con su ropa. Mi nombre, en efecto, es Zapato.

Los humanos siempre agradecen a sus pies por llevarlos a todos lados, pero a nosotros nadie nos agradece nada. Nos aman cuando somos nuevos, nos presumen, nos usan todos los días hasta que comenzamos a gastarnos, nos hacemos inútiles, entonces comienzan a olvidarse de nuestra existencia y un buen día, nos botan.

Nunca imaginé que aquel día caluroso, en el que se podían respirar los rayos del sol y ninguna suave brisa refrescaba, sería el día de mi muerte.

el zapato usado

Caminamos hasta nuestro destino, mi dueña cumplió los compromisos que tenía y la hora de volver a casa llegó. Cuando nos tropezamos con el exterior, las nubes negras que hacían de manto en el cielo pusieron todos mis sentidos alertas. Yo no era del par de zapatos aptos para la lluvia. Era una simples baletas de tela y suela plana, por lo que si me mojaba no podría cumplir mis objetivos. A pesar de mis esfuerzos, no fui escuchado. No habíamos dado ni dos pasos cuando la lluvia se precipitó y del cielo comenzaron a caer grandes gotas de agua. Mi desesperación comenzó a ser notoria.

Un paso. Dos pasos. Tres pasos y ya no había marcha atrás. Mi dueña sacó un paraguas y se cubrió la cabeza, pero yo ya estaba totalmente empapado y la odisea comenzó. Me tocó evadir charcos, evitar chocar con otras personas e incluso evitar agujeros en el pavimento. Logré con bastante éxito superar cada una de las pruebas, pero cuando nos faltaban tan solo unos cuantos pasos para llegar a casa, algo sucedió.

Nuestro camino estaba bloqueado por algunos botes de basura y para atravesar había que pasar por un canal que estaba rebozando de agua. Intenté gritar, pero fue tarde porque comencé a ahogarme. La chica había pisado el charco y estaba mucho más profundo de lo que ella creía. Quedé completamente sumergido por unos instantes y fue así con los siguientes cuatro pasos. Esto fue mi final definitivo.

Había estado con esa chica durante una cantidad de tiempo considerable. La había acompañado en cumpleaños, largas caminatas y viajes. La había visto reír, llorar, cantar, hablar… había sido la protección que necesitó para poder andar y a penas llegamos a casa, me quitó de su pie y me lanzó a un rincón para que me secara.

Han pasado ya meses desde aquel día que cada mañana aparece en mi memoria para atormentarme y que en las noches se vuelve una terrible pesadilla que no me permite dormir. La escucho decir cada vez que me ve que me tiene que recoger y limpiar para volverme a usar; sin embargo, sus palabras se las lleva el viento y yo sigo esperando, abandonado, solo. El charco en el que me arruiné ya se secó y con él, se secaron todas mis esperanzas.

El fin.

¡Hola a todos y a todas! Espero que se encuentren bien y que agosto haya sido un excelente mes. Tenía a Vía Princesa en el olvido. Noté algunas telarañas cuando lo abrí hace unos días. Lo siento muchísimo, pero entre las vacaciones y el inicio a clases me hice un ocho en cuestión de organización y el tiempo no me daba para escribir una publicación seria. Sin embargo, les traigo una nueva historia corta un poco enigmática que espero entiendan más allá de lo que dice. Espero poder ver algunas opiniones en los comentarios y un par de seguidores más. Recuerden que también pueden seguirme por Facebook o Tumblr.

Además de este pequeño saludo y recordatorio, quería hacer el anuncio oficial del cambio de logo. ¡Wiii! El logo está listo desde hace unos meses atrás, pero no había tenido oportunidad de hacer el anuncio como corresponde. Todos los agradecimientos y créditos de este nuevo logo se lo doy a Claudia Cordero, una gran amiga de la Isla del Encanto. Una chica talentosa que puede lidiar con todo este asunto de logos, videos, diseño, etc. Les pido a todos y a todas un aplauso para ella y su contribución para Vía Princesa. Queremos escucharlos sobre esto también, así que espero en los comentarios algunas críticas.

Les deseo un feliz fin de mes, un excelente comienzo de septiembre y mucha felicidad para sus vidas. Gracias de nuevo por leer y les prometo otra actualización pronto. Los mejores deseos. 🙂