Manchas

Querido(s) Caribe(s),

Mayagüez, Puerto Rico

Diciembre de 2019

Querido(s) Caribe(s),

A lo largo de este semestre he estado buscando una forma de despedirme. He vivido toda mi vida en tus territorios cálidos y ahora estoy a punto de arrancarme de tus geografías. No sé lo que me está esperando en el futuro, pero irme me duele. He conocido tu caos. He sentido tus tormentas caer sobre mí y tus olas acariciar mi piel. He visto tus realidades, tus carencias y tus alegrías. He escuchado tus historias, tus risas y tus llantos. He disfrutado del olor de tus aguas saladas y he arrugado mi nariz por los mangos podridos en tus suelos. He comido de las delicias que tus tierras me han regalado. He bailado tus ritmos y me he encontrado con el mar que permanece como un misterio para mí. Me duele marcharme porque sé que cada hueso de mi cuerpo, cada pieza de mi alma y cada momento de mi historia te pertenece. Tú eres mi hogar.

A pesar de todo el tiempo que he estado pensando en cómo decir adiós, nada apareció. Tal vez encontrar las palabras es imposible porque no quiero marcharme. De cualquier forma, en esa búsqueda encontré algo de sabiduría. Entre más te leo más aprendo que no eres un simple punto geográfico. Existes en tus personas, incluso cuando están lejos de ti. Viajas con nosotras porque te cargamos en nuestras existencias. Nos habitas. Es decir que, a donde sea que vaya, aparecerás en mi cotidianidad, en la forma en la que me enfrentaré al mundo. Me duele un poco menos saber que una parte de ti siempre será una parte de mí. 

Mientras viajes conmigo, cargaré tus historias en mi existencia: las de dolor, las de alegría, las de lucha. He visto las agonías que ha escrito tu historia: el colonialismo, la violencia, la muerte, la opresión. Sin embargo, también eres espacio de alegría, de amor, de lucha, de ternura. He visto la fuerza de tu gente, mi gente. A pesar de todo, seguimos luchando porque el sol sale cada mañana para encontrarse con nosotras y nos regala esperanza. Porque el mar sigue besando a la arena en cada oportunidad que se le presenta y porque sabemos que la vida viene del caos. Aunque sigue existiendo la opresión, seguimos resistiendo y mientras te cargue entre mis subjetividades, cargaré tu lucha. La llevaré a donde sea que vaya.

Tal vez esta carta parezca una despedida, pero no lo es. Creo que es una carta de amor y de promesas. Me has permitido explorar tus cielos y navegar tus aguas. Me has dejado crecer en tus territorios. Estás tan enraizado en mi alma que no puedo imaginar existir en este mundo sin tu(s) caribeñidad(es). Amo ser parte de ti y prometo seguir luchando, escribiendo y bailando por ti. A donde sea que vaya, contaré tus historias, contaré cómo entre tus olas veo a mis ancestras, a mis contemporáneas. Cómo te veo a ti y cómo me veo a mí. A pesar de que estaré lejos de ti, siempre te amaré y cuando regrese, te amaré todavía más.

Con toda mi ternura, todos mis miedos y esperanzas,

Tatiana I. Chi Miranda

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