Manchas

Pensamientos desde mis cuatro paredes

En medio de cuatro paredes pienso en nuestra fragilidad. Me distancio del mundo que conozco y comienzo a (medio) confiar en lo que veo en las noticias y las redes sociales. De pronto el contacto físico se desvanece, el abrazo se pospone, el beso se vuelve promesa; el celular, la computadora, nuestra dimensión virtual se vuelve nuestro principal puente con el mundo (otro).

Entre estas cuatro paredes siento el reclamo que nos hace la naturaleza. Aunque por otras realidades y desde otras geografías, pienso en María (el huracán). Hay furia, hay pasión en este memorándum magnífico: durante los últimos siglos hemos estado viviendo en este mundo como si nos perteneciera. A pesar de que diariamente no los recuerda, suceden estos eventos que nos reafirman que eso que hemos civilizado con tanta devoción y que hemos naturalizado con tanto esmero, es una construcción humana. Así como lo edificamos, puede paralizarse, replantearse, colapsar, (en)cerrar(se).

Dentro de estas cuatro paredes que me distancian, pienso en aquelles que no tienen paredes, en les que han perdido su trabajo, en les que no tienen qué comer, en les que su refugio es su infierno. Lloro por lo injusto de nuestros sistemas. Espero que las ayudas lleguen. Y que lleguen a tiempo. Busco la manera de ser ayuda yo también.

Estas cuatro paredes me hacen pensar en el encierro cotidiano. Me deshago en medio del cuarto para ver los fragmentos de lo que “soy” rodeándome. Me libero para tomarme el tiempo de sentir aquello que por el afán del día no me permito sentir. En el encierro, abro las puertas a las profundidades de mi existencia, dejo mis intimidades salir, explorar, perderse. De alguna forma me (re)armo. El encierro me ayuda a (re)encontrarme.

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