Manchas

A punto de

Estoy a punto de, ¿de qué? De saltar.

Tengo miedo, ¿de qué? De lo que en la caída podría pasar.

Leo “la caída” y pienso la palabra en gerundio: acción en acción, acción aconteciendo, un sustantivo que se convierte en verbo.

“Caída” hace eco y se transforma en “caer”, se vuelve proceso, proyecto futuro; lo que viene, pero todavía no llega. Está cerca, pero sigue lejos. Fluye, pero no nos ahoga porque todavía no hemos empezado a caer.

Estamos a punto de, pero todavía no (caemos).

Lo que nos ahoga es la idea. La idea de lo que viene es lo que fluye. Fue la imaginación la que saltó y está trazando cómo puede ser la caída. Es la posibilidad lo que nos consume, la idea es la que está cayendo.

Todavía no somos nosotres les que caemos.

A penas estamos a punto de, ¿de qué?, ¿de vivir la mejor época de nuestra vida? ¿de experimentar un tiempo de dolor? ¿Acaso podemos saberlo? Todavía no. La idea, que ya brincó, tampoco lo sabe. Solo sabe la(s) posibilidad(es).

Estamos a punto, pero ¿acaso la vida no es un constante estar a punto de?

—Hay que aprender cuándo, dónde y cómo dejarse caer.

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