Vía Princesa nació a mediados del 2015 justo en el momento en que dejé mi ciudad natal, Barranquilla, para aventurarme por la isla del Encanto, Puerto Rico. Por eso, si me tocara describir a Vía Princesa en una palabra sería “inicio”. Las motivaciones originales eran muy nobles, me atrevería a decir. Básicamente consistían en ofrecer un espacio de expresión tanto para mí como para otras personas, un espacio de diálogo y reflexión. Sin embargo, viendo en retrospectiva, diría que había un deseo silencioso de reconocimiento. En su discurso de aceptación del premio Nobel, Albert Camus dijo que todo hombre (humane) desea ser reconocide y que él no era la excepción. Creo que yo tampoco lo soy y no creo que eso sea algo totalmente malo, pero puede ser que me adentre en ese pensamiento en una entrada per se. Según mis recuerdos, esas eran las dos motivaciones que movían mi actuar a la hora de crear Vía Princesa. Gracias a mi cuñado, pude adquirir el dominio. Gracias a él, sigue existiendo esta página, así que le extendiendo un enorme agradecimiento. De igual forma, le agradezco con profundo afecto a mi hermana y a mis padres quienes desde el primer momento en el que les comenté mi proyecto me dieron su apoyo y su ánimo. También le agradezco a mi familia sanguínea y no sanguínea, barranquillera, puertorriqueña, la que estuvo desde el principio y los que han ido apareciendo, por impulsarme a seguir en las incontables veces que dudé de si mantener la página abierta o no.

El tiempo transcurrió entre publicación y publicación. La vida se volvió más complicada y la universidad y la soledad comenzaron a hacer su eco en la página. Dejé de publicar porque, la verdad, dejé de escribir. ¿Conocen esa expresión de writer’s block, bloqueo de escritora? Pues, algo así sucedió en mi vida, pero era un bloqueo en todos sus ámbitos. No fue hasta el 2017 que un sacudón (un poco literal, un poco metafórico) me estremeció por completo. Fueron varios los eventos que revolvieron mi vida desde las profundidades de mi cuerpo hasta lo más externo que puedan imaginar del mundo que me rodeaba: una huelga en la universidad, un/dos huracán(es) en Puerto Rico y comenzar a vivir sola. Estos son los tres eventos que lograron tocar fibras dentro de mí, no necesariamente en ese orden. Gracias a esos tres pedazos de mi vida fue que pude darme cuenta de que me estaba matando por dentro al no escribir. Estaba envenenándome. Comencé a no poder dormir. Pasaba mucho tiempo dentro de mi mente y, poco a poco, fui desvinculándome del mundo hasta el punto de que llegué a posponer mis sentimientos para no tener que lidiar con ellos. Entonces, llegó el 2018 y este segundo semestre del año académico en la universidad 2017-2018 y me di cuenta de que necesitaba hacer cambios.

Entonces, Vía Princesa también cayó en esa larga lista de cosas que necesito replantear. Ahora, comienzo a hablar en presente, quizá también en gerundio porque es algo que sigue construyéndose. Vía Princesa me ha acompañado en un largo recorrido en estos últimos años de mi vida y creo que es hora de comenzar a darle el lugar que se merece en agradecimiento por brindarme ese espacio en el que puedo construirme, deconstruirme, expresarme y corporeizarme. Miles de preguntas han surgido de esta decisión y quiero compartirles la primera que apareció: ¿Debería conservar el nombre? Aunque la primera respuesta que di fue ‘sí’, algunas conversaciones con personas cercanas a mí me hicieron inclinarme por el ‘no’. Aunque ya no me identifico al cien por ciento por mis concepciones de las Princesas, siento que el principio básico del nombre sigue siendo mi primera motivación: permanecer en la lucha constante de ser quienes somos y expresarnos, siempre mirando la diferencia como una oportunidad de crecer y respertar. Así que conservo el nombre de Vía Princesa, en primer lugar, porque mis motivaciones siguen respondiendo a su significado y, en segundo lugar, como un acto de aferrarme al pasado y a la historia que me recuerda el proceso que he vivido, que sigo y que seguiré viviendo.

Solo me queda agradecerles por visitar este espacio que espero sea una invitación para ustedes de construirse, deconstruirse, fragmentarse, reflexionarse y corporeizarse. Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides, bienvenidxs. Aquí siempre una buscadora de respuestas, lectora enamorada de las historias e intento de escritora con, espero yo, buenas intenciones.

Tatiana I. Chi Miranda

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